domingo, 8 de abril de 2018

YUNGUYO.- Cuasimodo, la octava de Pascuas. Una semana después de Pascuas los católicos dicen que recuerdan a los niños bautizados hace ocho días, "Quasi modo geniti infantes". El mundo aimara, en acción de gracias, hace aparecer colores cuando la tierra va caminando rumbo al invierno. Muy temprano, los Jilaqatas, ahora tenientes gobernadores y sus “taykas” acompañados de un séquito de pobladores de sus comunidades empiezan a crear colores radiantes de pétalos de flores, diseñando una alfombra de flores en el entorno de la Plaza Mayor de Yunguyo.

Las mujeres libran pétalos, desmenuzan flores que la Pachamamita aun las tenía guardada. Los hombres convertidos en artistas crean arte natural, hacen aparecer muestras, iconografías, marcan sus lugares de origen. Los colores resplandecen al cielo por unas horas. Los pétalos se convertirán en bálsamos, en medicinas para aliviar las enfermedades de vaquitas, ovejitas, alpaquitas,... y de todos los animalitos que conviven con la humanidad.

Paralelo al ajetreo de esta inaudita creación de arte espiritual, en la iglesia, el cura, ahora también de origen aimara, celebra misa para los cristianos recién bautizados, culpando a todo ser viviente de pecador, recordando a los fieles que satanás siempre está al acecho de la humanidad, siempre tentando a la gozadora de la vida, sin imaginar que en esos momentos hasta el más demonio suaviza su corazón viendo el manto colorido de pétalos en resplandor tendidos en el rededor de toda la plaza.

Al culminar la misa, el cura abandona la iglesia llevando su Ostensorium y peregrina sobre el tendido sagrado aImara. No va solo, le acompañan las autoridades, desde el alcalde hasta el policía. Va bendiciendo la alfombra de pétalos y a sus espaldas la gente, niños, grandes y ancianos recogen los colores a la velocidad que les permita. Los pétalos bendecidos son tesoro medicinal, ayudan a aliviar enfermedades de las uywitas. El cura y sus seguidores van detrás del Ostensorium. La muchedumbre aImara celebra para adquirir las florecitas aliviadoras de enfermedades.

Luego de la ceremonia, cuando el cura encierra el Ostensorium en la iglesia, los Jilaqatas, ahora tenientes gobernadores, y sus acompañantes, que ya se habían sitiado desde las tempranas horas en los laterales de la plaza, empiezan con el agradecimiento a la vida. Degustan de sus Apthapis y liban cerveza aromatizada hasta entrada la noche, dejando un enorme riachuelo que fluyen en los costados, olvidándose de estar en la vida misma. Tal vez tratando de romper barreras para pasar a otras dimensiones. Tal vez toreando a que se haga presente el otro YO que no le rinde cuentas ni al mismísimo Cristo eucarístico. Pero eso sí, fortaleciendo los lazos, los vínculos sociales y familiares. JCH.
















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