Escribe : Hernán de la Cruz
Enciso
Son los tiempos. Para
adueñarse de la riqueza de los países, los dueños del mundo ya no generan
tantas matanzas como antes. Las batallas ya no se desarrollan en espacios
lejanos, con tanques y aviones, sino en la cabeza de las personas, con
programas televisivos o mensajes especialmente diseñados para torcer las
conciencias. Ya no se trata de una guerra por conquista de territorios, sino de
una guerra por conquista de cerebros. Las balas ya no apuntan al cuerpo de las
personas, sino a sus contradicciones y vulnerabilidades psicológicas. Ahora lo
importante es controlar mentes: es la guerra asimétrica. Y para controlar
mentes, se debe intervenir en la formación de los cerebros y, sobre todo,
decidir sobre el contenido de los cerebros. Es decir, para controlar países y,
por consiguiente, decidir sobre sus recursos (naturales, humanos), se debe
decidir sobre la alimentación, la salud y la educación de las personas. No es
poderoso ni potencia, ni siquiera estable, aquel país que tiene oro y petróleo,
menos millones de dólares en reservas. Al país que no invierta en educación,
salud y alimentación, le espera la decadencia histórica.
Son los tiempos, decíamos.
Tiempos de la guerra irrestricta, una contienda donde no hay reglas ni guerras
declaradas, donde, por medio de ataques imperceptibles, se utiliza la táctica
del socavamiento de la estructura de la Nación-objetivo, hasta lograr,
paulatinamente, el control sobre sus recursos estratégicos y su economía.
Alguien dijo alguna vez: “Es imposible ganarle una guerra armada a Estados
Unidos: es más fácil destruir su juventud, dejándole sin futuro,
introduciéndole drogas”. O esto otro: “Es difícil quebrar la voluntad del cholo
terco; más fácil es buscar la derrota del pensamiento y de la voluntad mediante
programas televisivos aberrantes. Antes se hacía con la religión, luego con el
alcohol”. Esa es la guerra irrestricta, donde las armas son “amables”, armas
que aparentemente entretienen o “alegran” pero que, sin matar, causan daños
irreversibles en la conciencia de los individuos. ¿Es acaso casual que los
canales de televisión estén llenos de travestis como los nuevos héroes y
paradigmas de la sociedad?
EDUCACIÓN PERUANA.
¿Y cómo andamos en educación
en el Perú? Muy mal, ya lo dijimos en algún momento: 11% de analfabetismo; el
47% de los estudiantes de la zona rural se encuentra fuera del sistema
educativo; el 90% de las escuelas de las zonas rurales son unidocentes o
multigrado; el 78% de las escuelas pertenecen al Estado. Solo el 1.6% son de
material noble, pero sin los servicios básicos ni con el mobiliario adecuado.
El 10.4% se encuentra en situación desastrosa. Además, dos de cada de diez
escuelas no cuentan con el servicio de agua y cuatro de cada diez no tienen
desagüe. En siete de cada diez colegios los servicios higiénicos se encuentran
en estado deficiente. Carencia de materiales educativos de calidad; una parte
de esos materiales deben ser comprados, o por los padres de familia, o por los
mismos maestros. Metodologías obsoletas: la educación basada en una metodología
de transmisión de conocimientos y contenidos ha fracasado.
¿Y cómo andan los colegios?
Hay 62 mil colegios en el país. El 15% de ese total requiere sustitución, 56%
precisa de rehabilitación, 29% necesita mantenimiento, 30% no tiene energía
eléctrica, 40% no tiene agua y 75% no tiene internet. Para resolver ese
problema se requiere el 10% del PBI (63 mil millones de soles).
¿Qué más? Un magisterio mal
pagado y desmotivado. Hay 320 mil profesores a nivel nacional, y el 40% de
ellos debe completar sus ingresos con otras ocupaciones remuneradas. Los
salarios de ahora son la tercera parte de lo que eran en los años sesenta. Y
como han caído las remuneraciones, cayó el prestigio de la carrera docente,
cayó la “dedicación exclusiva” y, por consiguiente, cayó la motivación de los
jóvenes por la carrera de Educación. ¿Algo más? Contenidos desfasados frente a
los desafíos de la realidad y frente al tiempo histórico. Todos los países
tienen un Proyecto Histórico y ese proyecto gira alrededor del potencial
humano. País que no invierte en educación –y que basa su economía solo en la
enajenación de sus recursos naturales, como el Perú– está destinado a sucumbir
igual que el África.
El otro problema grave es la
desnutrición. Uno de cada dos niños de las zonas rurales sufre de desnutrición.
Si no se ataca el problema de la desnutrición, no se puede hablar de una buena
educación. El niño peruano nace con aproximadamente un coeficiente intelectual
de 100 en la Escala de Wechsler. Si a ese niño le damos una pésima alimentación
en los tres primeros años, su coeficiente se reducirá a 95. Si después le damos
una pésima formación educativa (2 a 3% del PBI en educación), su coeficiente
decrecerá en algunos casos a 90 y en otros a 85. Los periodistas César Aquije y
Félix Dávila, en el artículo “Perú año 2000, generación de tarados”, advertían
que “están convirtiendo a la mayoría de peruanos en mutantes al revés, en seres
que estarán incapacitados para sobrevivir en un mundo altamente tecnificado,
como no sea en la humillante condición de semovientes (burros y caballos), de
virtual ganado industrial”.
INTROMISIÓN EXTRANJERA Y
PRESUPUESTO.
¿Cuánto es el presupuesto del
sector Educación para el 2017? 26 mil millones de soles. Los países
industrializados invierten alrededor del 3% del PBI en investigación, ciencia y
tecnología. El Estado peruano solo invierte 0.15% del PBI en investigación.
Otros países, principalmente los países del Primer Mundo, invierten en
Educación alrededor del 8% de su PBI y, en otros casos como Israel, sumando el
público con el privado sobrepasan el 11% del PBI. El Perú en los últimos diez
años solo ha destinado entre 2% y 4% de su PBI. Los países inteligentes
invierten más en la infancia, luego en los colegios, finalmente en la
universidad. En Perú es al revés. Es decir, el que más necesita, recibe menos.
En educación inicial, al 2011, Chile destinaba 1766 dólares por alumno al año,
Argentina 1745, Uruguay 1200, Brasil 1044 y Perú 289.
¿Y por qué el Estado peruano
destina solo el 4% del PBI a la educación y no, por ejemplo, el 10%? Por
imposición del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial. Alberto
Fujimori firmó, siendo presidente, una carta de intención con el FMI que
prioriza el pago de la deuda externa, dejando de lado el gasto público (la
educación, el agro y la industria nacionales). Dicha carta impone, asimismo, la
privatización de los recursos naturales y de la salud y la educación. Los
presidentes que siguieron a Fujimori (Alan García, Alejandro Toledo y Ollanta
Humala, PPK) también hicieron cumplir al pie de la letra ese acuerdo. ¿Y por
qué el FMI nos impuso esa carta de intención? Supuestamente para que podamos
pagar nuestra deuda externa (tenemos deuda de tipo bilateral y multilateral y
con la banca comercial). Sin embargo, según los entendidos, estaríamos pagando
puntualmente las moras de las moras y los intereses de los intereses de una
deuda fraudulenta que ya se ha pagado múltiples veces. Por eso la deuda externa
se ha convertido en un círculo vicioso, ya que por pagarla dejamos de invertir en
salud y educación, atándonos al capricho de los capitales transnacionales. ¿Y
cuál es el trasfondo de la carta de intención? Los países industrializados, que
son dueños del Banco Mundial y del FMI (EE UU, Japón, Alemania, Francia, Gran
Bretaña, Italia, Arabia Saudí y Canadá), quieren materias primas baratas para
alimentar su industria. Debemos aclarar que el Perú no exporta ni una piedra.
Son las empresas transnacionales las que extraen las materias primas y las
exportan, dejando al país solo tres de cada cien soles que ganan (En Bolivia,
los inversionistas solo se llevan 18 soles de cada cien soles que ganan, y los
82 soles restantes el gobierno lo ha destinado a la educación, elevando el
gasto a 8% del PBI). (Por ejemplo de Apurímac se llevan a cinco dólares la
tonelada de hierro esponja. Convierten esa tonelada de hierro en acero, cuyo
valor alcanza los 500 dólares. Pero después, convertido en cuchara, esa
tonelada de acero llega a costar cinco mil dólares. Las piedras que en la
práctica les regalamos regresan al Perú valiendo miles de dólares). Y para
asegurarse materias primas (asegurar el saqueo), estas entidades no solo nos
han impuesto un mísero presupuesto a través de gobiernos pusilánimes y sin
creatividad sino también nos han impuesto recetas educativas que apuntan a la
dependencia. Invirtiendo 10% o 12% del PBI en Educación, en unos veinte años
nos podríamos industrializar y dejar de regalarles nuestros recursos naturales
y, de paso, les quitamos el mercado mundial.
LOS MAESTROS Y EL SUTEP.
Aparte de los maestros, nadie
pide en el Perú una buena educación para las nuevas generaciones. Nadie. Ni los
padres de familia, ni los congresistas, ni el SUTEP. Esta vez han salido a las
calles los maestros del Cusco (pronto lo harán todos los maestros del sur),
pero dicha huelga es y será desconocida por el Estado pues, legalmente, los
únicos representantes de los maestros a nivel nacional son los del SUTEP de
Lima. Así lo dice el inciso 207-A del Decreto Supremo 013-2016-MINEDU del 2016:
"El MINEDU no negociará con Sindicatos de Base o Sindicatos de Profesores
que sean de competencia regional”.
Pero en los últimos años, tal
y como denunció el semanario “Hildebrandt en sus Trece”, el SUTEP de Lima ha
aprovechado cada huelga de los maestros para sus negociados. Eso lo podemos
comprobar, por ejemplo, en el artículo 194 del mismo decreto, que dice: “La
licencia con goce de remuneración por representación sindical se otorga a ocho
(8) miembros de la Junta Directiva del Sindicato de Trabajadores Docentes
Nacional o Federación Magisterial Nacional, constituido para la defensa de los
derechos e intereses del Magisterio Nacional, que se encuentren debidamente
inscritos en el Registro de Organizaciones Sindicales de Servidores Públicos
(ROSSP) correspondiente. Por cada Dirección Regional de Educación, o la que
haga sus veces, corresponde otorgar licencia con goce de haber a dos (2)
representantes de la Base del Sindicato Magisterial o Sindicato de Profesores
debidamente inscrito en el ROSSP. La licencia es por el período de un (1) año,
renovable hasta el período que dure el mandato del representante sindical,
conforme lo establece el estatuto inscrito en el ROSSP”. En total son 60
licencias sindicales para la gente de Patria Roja.
¿Y cuál es la salida para que
los maestros sean realmente interlocutores del gobierno? Simple: deben
organizar un nuevo gremio nacional de los maestros, aunque sea regional. Ya no
debe llamarse SUTEP porque ese nombre ya está patentado por Patria Roja, y los
estatutos fueron escritos para que ningún maestro pueda tomar el control total
del gremio aparte de Patria Roja. ¿Es difícil organizar otro gremio nacional?
No. Es fácil. Y luego se registra con nombre propio en el Registro de
Organizaciones Sindicales de Servidores Públicos (ROSSP) del Ministerio de
Trabajo, y listo. Según la Ley de Relaciones Colectivas del Trabajo, “El Estado
reconoce a los trabajadores el derecho a la sindicación, sin autorización
previa, para el estudio, desarrollo, protección y defensa de sus derechos e
intereses y el mejoramiento social, económico y moral de sus miembros. La
afiliación es libre y voluntaria. No puede condicionarse el empleo de un
trabajador a la afiliación, no afiliación o desafiliación, obligársele a formar
parte de un sindicato, ni impedírsele hacerlo”.
Es la única manera de hacer
algo bueno por los maestros y por la educación peruana, la única manera de que
los maestros sean realmente interlocutores de cualquier gobierno. De otro modo
seguiremos viendo en las calles la misma tragedia de siempre: el primer día
veinte mil maestros en marcha, cinco días después solo tres mil, siete días
después solo mil, y así hasta que se cansan todos y vuelven al trabajo. Los
maestros solo podrán saborear la victoria si se alejan del SUTEP y de Patria
Roja.

